Un River que gana, gusta y golea, no sólo gracias a excelentes individualidades sino a un gran juego en equipo que acobardó a “un bohemio” que con mucha ilusión intentó plantear el partido para jugarle de igual a igual al millo.
Ghiso pecó de ingenuo, se dejó tentar por esas voces que no quieren respetar al más grande y River lo sentenció futbolísticamente. Desplegó su mejor juego y se divirtió los 90 minutos al grito constante de gol.
River fue ordenado, prolijo, punzante y contundente en su conjunto. Cirigliano impuso su temperamento en el mediocampo y le marcó el camino al conjunto del Pelado. Impecable actuación de Fernando Cavenaghi que con el correr de los minutos asienta su confianza y muestra un juego sublime con definiciones dignas del paladar millonario.
En el sube y baja del rendimiento, River no encuentra el equilibrio a pesar de mantenerse invicto en la punta del torneo. Los murmullos se escuchan fuertes en la semana en boca de los ansiosos de siempre, que no entienden de sembrar para luego poder cosechar.