Siempre se vuelve al primer amor. No sé por qué tanto miedo. Fue la distancia de 51 días que llenó de dolor y el dolor llevó al enojo y el enojo a la impotencia y la impotencia a estos nervios de volverte a ver.
Bendito el aire del monumental que devolvió la paz y la sonrisa al confirmar que el sentimiento estaba intacto; lejos de huir del alma, se enterró más profundo en el corazón. El mantra sagrado de la tribuna se oyó a plena voz para dar refugio privilegiado al Pelado, ovación venerable de “olé olé oleé” para el chori, y ritmo y locura al grito de “es cavegool”. Desafiando las leyes de la física, el reencuentro millonario materializó la pasión para que se pueda ver y escuchar en un hincha, en 35 mil hinchas…
Tarde de cielo gris y lluvia. Agua bendita que lavó de los rostros las huellas que las lágrimas dejaron. Limpió el monumental para abrir camino al porvenir y renovar el aire para un equipo que tiene un largo y duro trayecto por recorrer. Se purificó la esencia del ser para que volvamos a reconocernos como el glorioso River Plate. Se vieron buenas bases para volver a ganar, gustar y golear. Se ganó y por momentos gustó.
Rugió el León por primera vez desde el banco y dió lugar a la ilusión. Vamos River, no escuche y siga! Que va por el buen camino!
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